¿Saber escribir o ser reconocido?

Es conocido en el mundo editorial que, en la actualidad, nadie te publicará un libro sin la mediación de un agente literario. Las editoriales reciben cantidades ingentes de manuscritos que aguardan para ser leídos. Algunos pocos verán la luz; la mayoría dormirá un sueño eterno en la brumosa antesala de los escritores desconocidos.

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Ramón Sanchis Ferrándiz

En el limbo indefinido de la no-publicación se hallan muchos escritores que han abandonado su condición de lector para aventurarse en un más allá desconocido, sin llegar a tocar el cielo reservado a los escritores.

Sí, llegar a ser considerado escritor es un privilegio que pocos alcanzan; muchos otros habrán quedado en el camino mientras tanto. A pesar de que se haya dicho que un escritor lo es en la medida que otros lo consideran como tal, escribir es un acto vocacional en que se embarca el alma en solitario. No obstante, más allá de las opiniones ajenas, el propio escritor sabe en su fuero interno el poder que alcanza su vocación de transmitir; cuando ese anhelo profundo enraíza en su corazón, ya no podrá dejar de escribir. 

El reconocimiento y las verdaderas capacidades para escribir no siempre caminan por la misma senda. Ejemplos hay muchos, pero bastará citar a la autora británica E.L. James y su afamado libro 50 sombras de Grey.

Escribir con palmeros

En cambio, las editoriales consideran que un escritor debe venir a este mundo con un pan bajo el brazo. Me comentaba a modo de confidencia mi agente literario —porque hoy en día no eres nadie sin tu agente literario— que las editoriales analizan minuciosamente la conducta en las redes sociales de un posible escritor. Antes de publicar tus escritos necesitan comprobar que tienes un buen número de allegados que corean tus ocurrencias, de conocidos que ríen tus gracias a distancia, seguidores por control remoto que mantienen contigo una amistad virtual.

Visto así, si no te secundan no mereces alcanzar el paraíso de los escritores, porque no eres rentable. Una editorial evalúa con tiento tus amigos y parientes, y el número de palmeros que acompañan tu baile. Tus múltiples contactos auguran cuantiosas ventas, porque una vez editado el libro, cuando la editorial se aletargue para evitar gastos innecesarios, serás tu propio agente comercial, un correveidile de lujo que ha de verse inspirado por el mismísimo Mercurio para salir a flote en dicha empresa.

¡Cuántos verdaderos escritores no habrán perecido en las fauces del olvido por falta de acólitos y palmeros! Más les hubiera valido merodear a las puertas de festines y palacios, poniendo en valor —tal como se dice ahora— su capacidad de relación social, aún a costa de sacrificar el tiempo que debieran haber dedicado a la bella escritura. 

Es conocido, que la escritura pulcra y esmerada no tiene tantos adeptos como pretenden las editoriales. En cambio, los amigos fáciles se prestan antes a halagos y reconocimientos que a minuciosas lecturas donde se descubran las mieles de un buen libro. En verdad, nuestro mundo está perdiendo los papeles, inmerso en una carencia de ética ostensible. Más valiera ser un escritor en el apartado rincón oscuro del alma que un insatisfecho divulgador de manuscritos mediocres.  

Ser jaleado no siempre se corresponde con una virtud a tener en cuenta: si te corean los mediocres tu sombra será fugaz, y tan huidiza como la fama; si los clásicos te escuchan con atención desde la distancia de sus tumbas, sabrás que tus pies transitan un verdadero camino. Porque ser escritor guarda relación con el camino que has de seguir para encontrarte a ti mismo.

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El lector cualificado

Tú que me lees, no te conformes con ser un palmero de escritores mediocres; tampoco corees los nombres de quienes no sacudan tu alma echando la puerta abajo… No secundes en vano a quienes no amplíen los horizontes de la literatura, antes bien, calla indulgente y sonríe con cortesía cuando cierres un libro que no merezca ser leído. No te conformes con ser un lector mediocre que devora los libros que otros le acercan interesadamente: sé un lector cualificado, consciente de tu necesidad de leer para descubrir la vida; mide, sopesa con usura el tiempo de que dispones y no hagas dispendio de él con excesiva alegría, pues es tan breve como la vida. 

No encumbres a quienes pretenden el halago fácil o corren tras amistades virtuales; no corras tú la misma suerte, pues serás devorado por el tiempo superficial que a todos nos alcanza. Libérate de la redes de un mundo vacío que tan solo cuida la apariencia, porque aquellos que pretenden ser escritores en el mañana reclaman de ti la solidez de un lector comprometido con su tiempo, un lector inteligente que ha de descubrir entre líneas, sin prisa y ajeno a las alharacas del mundo, las semillas de oro que se encuentran escondidas en los libros atemporales, aquellos que duermen a la espera de un lector capaz de trascender a su tiempo.

(*) Artículo publicado en el blog raysan2012.wordpress.com y en ellibrodurmiente.org el 22 de febrero de 2014 con el título Escribir con palmeros.  

RAMÓN SANCHIS FERRÁNDIZ

Escritor especialista en narrativa

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