Las imágenes en los textos literarios

Las imágenes son indispensables para recrear un mundo imaginario. Mediante los fuegos de artificio que dibujan en el aire, olvida el lector que lee unas líneas sobre un papel, logrando así, que se adentre ensimismado en el relato.

Ramón Sanchis Ferrándiz
Ramón Sanchis Ferrándiz

Todo escritor, en mayor o menor medida, necesita utilizar las imágenes en una narración. Ellas engalanan con su poesía los relatos, añaden colorido a la descripción de un paisaje o lugar, dan vivacidad a las expresiones de cualquier personaje, mostrando con mayor realismo sus sentimientos y emociones. Del libro El ingrediente secreto de Vanessa Montfort citaremos:

 

“Las sombras bailaban por las paredes al mismo ritmo que los fogonazos de la lumbre…”.

 

“El pueblo entero dormía como un gran caldero abandonado en un fogón…”.

 

Las imágenes son indispensables para recrear un mundo imaginario. Mediante los fuegos de artificio que dibujan en el aire, olvida el lector que lee unas líneas sobre un papel, logrando así, que se adentre ensimismado en el relato. Veamos algunos ejemplos del libro Las llamadas perdidas de Manuel Rivas…

 

“De entre los altos setos de laurel salió la luna con un resplandor de orgullosa alquimia…”.

 

“Hay cuadros que quieres tocar con los dedos y hay cuadros que son ellos los que te tocan a ti. Los que titilan como gotas de rocío en las telarañas de tus ojos…”.

 

“Las hojas del manzano eran de un verde manso, que dependía del humor de la luz…”.

 

“El calendario tiene los nudillo de un boxeador que golpea la saca del tiempo…”.

 

Las imágenes amplifican la descripción de los personajes y las realzan con su belleza poética… De la obra ya citada Las llamadas perdidas:

 

“Era una mujer muy morena, de ojos grandes y negros, con una punta de brillante grafito que pintaba rápidos bocetos al mirar…”.

 

“En el resplandor de las llamas, tenía cara de ángel y demonio, el físico de un adolescente en el que van tomando posiciones, como injertos, los gestos duros de un hampón…”.

Con la ensoñación de las palabras, las imágenes recrean los lugares que perdimos, evocando instantes que se difuminaron en el tiempo. Las imágenes pintan en la paleta del tiempo, las cicatrices de las civilizaciones y las amarguras de sus gentes, evitando que el pasado se adormezca y petrifique… De la obra ya citada Las llamadas perdidas:

 

“Siempre me extrañó que la noche, una cosa tan grande fuera tan silenciosa (…) En el último resplandor del poniente, en lo más alto de la colina, se dibujaba el antiguo castillo con un prestigio que no tenía por el día. La noche premia la constancia de las ruinas. Pronto, la luna compondría con las aves noctívagas y los cascajos de la historia un misterioso almanaque…”.

 

Imaginarios colores trazan caminos imposibles en la mente y tejen ensoñaciones fugaces… De la obra ya citada Las llamadas perdidas:

 

“El verano tarda en llegar al valle, pero a veces regala, como un juerguista melancólico, un largo bis. En estas ocasiones, el crepúsculo dura lo que la sesión de cine y se pone en technicolor…”.

 

“Una ola rara, de las que no embisten ni besan la arena, cruzó veloz de izquierda a derecha, como una mecha encendida de espuma”.

 

 “En la fragua oceánica del poniente, entre ascuas que chirrían, germinaban a un tiempo las olas y las nubes…”.

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RAMÓN SANCHIS FERRÁNDIZ

Escritor especialista en narrativa

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