¿Qué es Hermenéutica?

Comprensión y sentido son los temas máximos de toda hermenéutica.  La comprensión no solo es un modo de conocer, sino el modo de ser propio del ser humano y al mismo tiempo una reflexión sobre el sentido hacia el cual apunta dicha comprensión.

MªDolores F.-Fígares
MªDolores F.-Fígares

Hermeneusis, o “proceso de interpretación”, es un término que alude al carácter interpretativo de una realidad siempre  mediada, por la palabra humana. 

 

El lenguaje, según esta corriente, es fundamentalmente un intermediario que hace posible la comprensión (es decir, la interpretación) del sentido y no un mero instrumento que utiliza el ser humano para comunicarse, expresar sus sentimientos y en última instancia para dominar la naturaleza sometiéndola a su voluntad. La reflexión sobre el lenguaje constituye así una reflexión sobre la comprensión. Comprensión y sentido son los temas máximos de toda hermenéutica.  La comprensión no solo es un modo de conocer, sino el modo de ser propio del ser humano y al mismo tiempo una reflexión sobre el sentido hacia el cual apunta dicha comprensión.

 

Otro elemento estructurante del enfoque hermenéutico es la primacía del símbolo y su sentido sobre el signo y su significado literal, pues el signo viene a ser como un símbolo muerto el cual, habiendo perdido su capacidad para unir lo sentido y el sentido, se convierte en simple rótulo que se utiliza para designar algo, o sustituir a aquello que representa. Esta corriente hermenéutica, que tiene sus cultivadores en el campo de la Filosofía, la Antropología y la Lingüística, se basa en una afirmación fundamental: no hay conocimiento sin interpretación. Puesto que no hay acceso directo o inmediato a lo real, sino que todo conocimiento es simbólico pues pasa por el lenguaje, que es el que conforma el caos de sensaciones y lo convierte en una experiencia.

 

El paso de la naturaleza a la cultura se lleva a cabo en y por mediación del lenguaje, ese complejo aparato simbólico que se enraíza en los reflejos dominantes de la especie, prolongándolos en un trayecto antropológico hasta conferirles una configuración precisa y delimitada. En este sentido, para la Antropología hermenéutica, el ser humano es considerado como intérprete de un lenguaje que a medida que lo utiliza, a su vez lo interpreta, de tal modo que dando la palabra al mundo se da la palabra a sí mismo. 

 

La razón hermenéutica mira al mismo tiempo al mito y al logos, a los valores y a las ideas, de tal manera que podemos caracterizarla como una razón mito-lógica. 

 

El criterio general de la actual hermenéutica es que la verdad es lenguaje: la interpretación verdadera hace “verídico” el relato en cuestión. Se trata de interponer o intercalar entre positivismo e idealismo un gozne que estaría ocupado por una antropología hermenéutica situada dialécticamente a medio camino entre las ciencias positivas (etnografía) y la conciencia estética (literaria). Es el papel mediador y mediado de una racionalidad filosófica que se sitúa y a la vez sitúa a la pura racionalidad técnico-instrumental y a la sensibilidad mito poética. En definitiva, se trata de obtener la estructura hermenéutica subyacente a los hechos, datos y descripciones etnográficas.

 

Han defendido esta postura Ernst Cassirer, Hans Georg Gadamer y Gilbert Durand en Europa y Clifford Geertz en Estados Unidos, junto con Schneider y Victor Turner, en el campo conocido también como Antropología Simbólica.

 

Podemos ver las raíces filosóficas de este movimiento, en primer lugar en el pensamiento neokantiano, que da lugar a la “Filosofía de las formas simbólicas”  de Cassirer, (Breslau, Alemania, 1874) como una interpretación simbólica de la cultura (a través del  lenguaje, el mito, y la fenomenología del reconocimiento, publicada entre 1923 y 1929). Por su parte, Gadamer (Marburgo, 1900), integrado en la línea del humanismo clásico, se esfuerza por realizar una teoría general de la interpretación, desde un conocimiento profundo filológico-filosófico de la obra de Platón. 

 

 

El sentido

 

Como ya hemos indicado, el sentido viene a ser la categoría principal de la interpretación antropológica. La noción de sentido alude al significado que tienen las cosas, es una categoría, o concepto-clave, un conocimiento condensado, que conecta a sujeto y objeto, es una categoría social además de epistemológica. Clifford Geertz habla de la “coherencia de significado”, pues las cosas no suceden así como así, tienen su sentido, aunque no sea evidente.

 

La noción de sentido tiene tres acepciones, que responden a tres referentes substanciales de la Antropología:

 

En primer lugar, Sentido como razón de ser: la religión y la metafísica lo aportan. Gadamer dice que el espacio privilegiado de reflexión sobre el sentido es la muerte, para cada ser humano. Abordan este tema Castoriadis, Durand, Eugenio Trías. Sin embargo, sus propuestas no pueden alcanzar las de la Religión y la Filosofía, porque no explican el antes y el después de la muerte. El antropólogo debe saber lo que piensa y cree la gente. Importa la muerte como acto social, pero todos se plantean el problema del sentido.

 

En segundo lugar, Sentido como significado: la finalidad de la vida que dimana de la conciencia humana, culturalmente transmitido y lingüísticamente organizado.

 

La creación de sentido depende de la conciencia, que es la que genera significado. Es interesante recuperar la conciencia como conjunto de valores y normas, es decir, la conciencia como cultura. Las instituciones, los movimientos sociales también generan sentido.

 

En tercer lugar, Sentido como dirección: o tendencia. Su función es orientar la experiencia, reducir la perplejidad y la incertidumbre. El sentido integra los pequeños sentidos y hasta el sinsentido.

 

La Antropología hermenéutica y simbólica reconoce la validez del universo simbólico, de las imágenes como portadoras de sentido, el valor de ciertos gestos que las personas ejecutan individualmente o en sociedad. Convierte en conscientes los procesos que se desarrollan en las zonas en penumbra de la conciencia, iluminando y ensanchando el campo mental, estructurando así la mente humana, al proporcionarle herramientas de aproximación a la realidad invisible, que es su propia realidad. 

 

En este punto. es necesario subrayar el carácter mediador de las ciencias que investigan sobre los seres humanos, por cuanto se encuentran en el gozne mismo entre las intenciones y los actos, de los principios y los hechos, de las ideas y sus representaciones. Por eso se ha dicho que el lenguaje es objeto de estudio, entendido en sentido amplio, para todo tipo de lenguajes y de procesos comunicativos. El ser humano se construye a partir de los intermediarios que posee entre él y el mundo, entre él y los otros, entre él y los dioses, entre él y su alma. 

 

De esos intermediarios, de sus códigos, de sus procesos de codificación y descodificación, se ocupa la investigación hermenéutica, interpretativa, para elaborar una suerte de mapa mental, que oriente a quienes quieren ver más allá de las apariencias.

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Mª DOLORES F. FÍGARES

Periodista, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra, y doctora en antropología, por la Universidad de Granada.

 

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